martes, 30 de octubre de 2012

Toda clase de pieles


En el reino “Felicidad” vivían los reyes más buenos y simpáticos de todo el reino con sus dos hijos Tomás y Rubén, a muchos kilómetros y kilómetros de la gran cuidad, junto con los animales que se encontraban en el bosque.

Un alegre día de invierno se produjo el gran acontecimiento, el cual llevaban meses esperando. El nacimiento de la pequeña Lucía. Tras varios meses de alegría y festejos por la princesa ocurrió algo inesperado. La madre de Lucía y de los dos hermanos, falleció inesperadamente en una de las reuniones programadas por su marido, el rey.

¡Un infarto! ¡Se atragantado con el marisco! ¡La tensión!  Gritaban todos a su alrededor.

Pero lo único que el rey escuchaba eran sus propias lágrimas que inundaban sus ojos.

Pasaron los días, los meses y los años y Lucía se convirtió en toda una mujer, alta, pelo rubio, largo, piel morena, ojos verdes, toda una belleza. Desde entonces, es cuando empezó a darse cuenta de todo lo que estaba sucediendo a su alrededor, es decir, su familia se estaba desbordando. Sus hermanos mayores marcharon a otra ciudad a estudiar, mientras que su padre sólo sabía llorar por su mujer día y noche.
Lucía ya muy preocupada por la salud de su padre, y viendo que sus hermanos no podían acudir a palacio, decidió que ya era el momento de que su padre encontrase una buena mujer que le volviera hacer feliz, claro estaba que sin dejar en el olvido a su difunta esposa y madre de sus tres hijos. Por lo que le propuso que como él no estaba en condiciones de viajar con tanta pena encima, ella sería la encargada de escoger a la mujer más merecedora para él.

Su padre con ciertas dudas y miedo por los peligros que podía pasar su hija, decidió aceptar por dos razones. La primera porque sabia que su hija estaba en lo cierto, necesitaba volver a sonreír y este podía ser un buen motivo, además confiaba plenamente en su hija, era como aquel que dice “su ojito derecho”. Mientras que la otra razón es porque intuía que podía ser una gran oportunidad para que su hija conociera otras costumbres, culturas, futuros maridos... y aprendiera de la vida. Asiqué acepto.

Acepto, pero con una única condición, esperaría la llegada del invierno y utilizaría un abrigo que el mandara fabricar especialmente para ella. Con lo cual, así fue.

El invierno volvió a llegar y Lucía se prepara para su nueva aventura, antes de marchar se despide de su padre y este le da el abrigo que tanto había costado fabricar, un abrigo con todas las pieles de los animales que podía existir, el cual bautizo “toda clase de pieles”, era largo con capucha y mangas muy muy anchas para poder resguardar sus manos del frío.

¿Por qué este abrigo Padre?

Cuando sientas el peligro en el bosque escóndete en el y ningún animal se acercará a ti.


Asique su hija obedeciendo ordenes atravesó la puerta de palacio y emprendió su nueva aventura. Iba de casa en casa, de pueblo en pueblo, palacio en palacio... sin dejar de lado ninguno de las mujeres tanto ricas como pobres.

Pero un día en el bosque no contó con la ausencia de los hombres cazadores, con lo cual al esconderse en su abrigo para espantar el peligro, pues..., no surtía efecto ya que parecía un animal y por mucha gritase no la hacían caso, no eran ningún animal eran humanos con lo cual el abrigo no tenia ningún poder. Entonces salió corriendo sin mirar atrás tropezando con ramas, hojas, plantas..., topando en la puerta de un palacio. Al llamar en el para pedir ayuda, una mujer bella que se le iluminaban los ojos a cualquiera con solo mirarla, la acomodó, la dio leche caliente y la dijo que la llevarían a una de las habitaciones que ya estaban a su disposición. Ella extraña de todo lo sucedido acepto. A la mañana siguiente esa misma mujer María, la sirvió el desayuno, la ayudo a limpiarse y la llevo su uniforme, un vestido blanco y un gorrito blanco, era la nueva curandera de palacio. Ella sin saber que decir de la confusión que habían tenido y el pánico todavía sobresaltado, decidió empezar su tarea como pudo, curando a todos los que iban decayendo en catarros, golpes, o gripes...

Pasado unos meses  ya cansada de fingir, cogió su abrigo se lo puso encima y salió al jardín a tomar el aire y reflexionar un poco de como salir de allí, en ese mismo lugar, se encontró con un chico, guapo, apuesto, bueno... un chico el cual se le derritió la mirada al verle.

El chico asombrado de la belleza que tenía esa curandera, se hizo el enfermo con un gran catarro y grandes fiebres, Lucía sin saber como salir de allí pero sin querer a la vez, estuvo cuidando al príncipe día tras día, le sonreía, le daba de comer a veces, le ayudaba a vestirse, ya que él, no quería a nadie que no fuese ella en sus cuidados. Le traía todos los días una rosa del jardín, cada día de un color. Mientras el príncipe Mario, escondía cada una de las rosas que ella le traía para que así tuviera la obligación de ir a verle todos los días, por si algún día fallaba el método de solo quiero tus cuidados.

Así estuvieron varios días y Lucía sospechando de tal amabilidad por su parte y poca mejora decidió armarse de valor y decirle que debía marchar de palacio pero sin antes darle una ultima cosa, un beso. El príncipe emocionado lleno de chispas en ese beso, la dijo ya sabia que no era curandera, pero aun así quiero que sepas que desde que te vi me dejaste prendado en amor.

Desde ese día pasaron un mes uno al lado del otro, en el palacio, donde Mario le pidió la mano a Lucía, en el jardín donde un día se conocieron.

Lucía emocionada de su compromiso, recogió sus cosas para ir a ver a su padre, llevándose consigo a su prometido y a María la cual, consideró interesante para su padre, buena, bella, humilde... poco más podía pedir para ser la nueva reina.

Al llegar a palacio su padre, emocionado por el compromiso puso a su disposición todos los detalles correspondientes para que los invitados estuviesen cómodos, el príncipe feliz y María emocionada al ver que pasó de ser una sirvienta a ser una invitada de honor enamorada.

Tras varios meses de compromiso Lucia y el príncipe Mario contrajeron matrimonio al lado de sus respectivas familias y fueron felices por siempre feliz.

Mientras que el rey al fin y al cabo tiene otra historia desconocida de amor.




Es un libro consideró que puede empezar a leerse desde primero de primaria, en donde el amor, la magia y las aventuras están continuas en este cuento.

HE CAMBIADO

No es cocinera sino curandera

No es hija única, sino con dos hermanos

No la crean tres abrigos sino uno

La hija vela por la salud de su padre

HE MANTENIDO

El abrigo “toda clase de pieles” ya que lo consideré la vez anterior la esencia de la historia

La chica es bella y rubia

La chica se casa con un príncipe

Vive en un palacio alrededor de un bosque

Debe cambiar su identidad

Mantiene un primer contacto con el príncipe antes de anticiparse al amor

Considero que es una historia que merece la pena conocer, ya que demuestra que no todo se consigue fácilmente en la vida y que a veces hay superar barreras. También, he querido poner un final abierto, en donde los niños se queden con ganas de crear su propia historia de amor del rey, y con ganas de saber más sobre esta gran familia creada. Es decir, ansia o entusiasmo por la lectura.

No hay comentarios:

Publicar un comentario